Te juro que al verte sentí lo mismo que la última vez.
¿Qué? ¿Ganas de echar un polvo?
Si... y de tener una vida contigo.


viernes, 18 de noviembre de 2011

Sad look.

Fue una mirada triste que nos mató a todos. Echó por tierra nuestros sueños, nuestros prejuicios e inseguridades. Consiguió transformar la hiperactividad en un recuerdo ajeno y extraño, sin ni siquiera darse cuenta. Hizo que el mar desapareciera tras un leve parpadeo y silenció el rumor de las olas por siempre. Transformó la tristeza en su bandera, la llevó en su corazón y la ondeó hasta que los brazos le ardieron. Degeneró los colores del mundo en un monocromático gris, al igual que su sonrisa, la cual perdió. Perdió su sonrisa intentando hacer lo correcto, dejó su vida en suspenso durante un tiempo y obtuvo 3 años de absoluta nada.
Pero no se rindió, hizo ver al mundo que la vida seguía adelante, que nada podría afectarle y que los cambios de humor eran cosas de la edad. Nos hizo creer que estaba bien, que era una de las personas más fuertes del mundo. 

Pero eso no hacía más que destruirla,
eso no hacía más que destruirla por dentro.

martes, 15 de noviembre de 2011

Destroyed.

Te pierdes en tu propio océano, en tu mar de incertidumbre, en tu cóctel sentimental. Te pierdes y no tienes ni idea de cómo volver a encontrarte, ni siquiera sabes si, realmente, quieres encontrarte. El camino tan claro, tan diáfano, ESE futuro que vislumbrabas para ti, se ha perdido; se ha perdido y nunca vas a recuperarlo. Como nada de lo que tenías antes. Los pasos que das ya son completamente a ciegas, sin ningún tipo de sentido y cada vez andas más expuesta. Las críticas que antes aceptabas ahora ahondan en ti como nunca antes lo habían hecho, cualquier comentario puede transformar tu humor. Y los pasos te exponen cada vez más y más. Aparentas ser lo que no eres. Una chica alegre, con sentido del humor, simpática, graciosa y segura de sí misma. Sí supieran, realmente, que tú no eres nada de eso, no se lo creerían. Llevas tan intrínseca la cuestión de no dejar ver quién eres que la forma que tienes de mentir ya se presenta como natural. Te han cortado tanto las alas y, de una forma tan brutal, que perdiste todas las ganas de volver a extenderlas. Pero mentirías si dijeras que nunca lo intentaste. Claro que lo intentaste. Lo intentaste una única vez, y esa única vez fue suficiente. Fue suficiente para saber que es precioso, que la sensación de libertad es maravillosa, que los sentimientos que surgen de ello pueden transformar la inexistencia en la realidad. Fue suficiente para saber que las alas extendidas abarcan más, pero también para darte cuenta de que, extendidas, las alas están más expuestas. 


Y a ti, sinceramente, te fallaron en pleno vuelo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

True Love.

Había una mujer. Una mujer con miles de manías, con cientos de pliegues en su piel, con unos ojos perdidos en el vacío. Había una mujer que hablaba con nadie, con su impotencia y su ansiedad; hablaba en el lenguaje más cuerdo de todos, el lenguaje para sí misma. Disertaba con ella misma y se enfadaba sin motivo, te miraba y, en el fondo de sus ojos, podías ver el sufrimiento de una mente que ya no responde a razones. Había una mujer bella, no por su piel cuarteada ni por su excesiva vacuidad, era una mujer bella porque sí, sin atender a un patrón. Era bella sin pedir explicaciones por ello y sin tener que dar cuentas a nadie. Había una mujer y, a su lado, había un hombre. Si, por supuesto, también había un hombre. Serio, con un bigotillo curioso que le bañaba el labio superior; alto, quizás demasiado alto para una mujer tan pequeña. Había un hombre terco, impaciente e inquieto, un hombre que hacía ver que no sabía lo que pasaba a su alrededor. Había un hombre que disimulaba fatal su enorme inquietud, que corría cuando quería volar y volaba cuando no podía desvanecerse. Había un hombre enamorado, un hombre enamorado de una mujer enferma. Ella, a veces, le miraba y otras tantas no; él, sólo tenía ojos para ella.
Pero no le importaba, no le importaba absolutamente nada. Él la quería a ella, la quería desde el primer día que la vio y desde entonces, supo que el destino juntaría sus caminos. La quería sobre todo cuando se enfadaba, cuando se ponía celosa sin motivo o cuando no estaba maquillada. La quería incluso cuando la enfermedad empezó a consumirla, cuando ya no sabía distinguir entre lo real y lo ficticio. Incluso ahí la quería, incluso ahí  la quiere. 
¿Si me lo dijo? No, nunca. Esas cosas no se dicen, se descubren.


 Y descubrir su mirada de enamorado, 
fue suficiente para explicarme la historia entera 
sin ni siquiera decirle hola.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Get used.

Por favor, no me dejes hacerlo.
No dejes que vuelva a acostumbrarme a ti, a tu sonrisa, a ese olor que me vuelve loca, a verte aparecer todas las mañanas con las sábanas pegadas, la almohada y todo el juego de cama. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu mirada, esa en las que tanta veces me perdí. No dejes que su color marrón vuelva a ser mi color favorito. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu risa, a la sonrisa más perfecta que jamás haya visto, a esos labios que huelen a ti. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tus brazos, a mi mano entrelazada con la tuya, a tu forma de desquiciarme. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tenerte tras de mí, a esos abrazos por la espalda que tanto me gustan, a una llamada en la que de repente suene un te quiero. No dejes que vuelva a acostumbrarme a esas largas conversaciones y esas no tan conversaciones en las madrugadas de cada día. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu letra, a tu música, a tu forma de vestir. A tu pelo alborotado, a su olor tras la lluvia. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu adicción por el chocolate, a tu obsesión con Phineas & Ferb y a tu afición por los eventos culturales. No dejes que vuelva a acostumbrare al tacto de tu piel, a la forma en que se erizaba cuando algo te gustaba. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tus besos, a los largos y a los cortos, a los secos y a los mojados, a los tiernos y a los salvajes, a los picantes y a los ingenuos, a los perfectos y a los aún mejor que perfectos. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu forma de reír, a la manera en que me mirabas, a lo que me hacías sentir.
No dejes que me acostumbre.

Quiero quererte,
no acostumbrarme.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Shut up.

¡Calla!
Ahora ve, y cómetelos a todos.
Enfúndate los vaqueros de chica mayor, los desgastados, los de los mil y un agujeros, esos que tanto odia tu madre. Póntelos y destrózalos aún más. Regálale tres agujeros nuevos, siete caídas en nueve charcos diferentes, una mancha de alguna sustancia imborrable. Dibújale un trébol de cuatro hojas que te de suerte, una sonrisa para alegrarte los días y un corazón para sustituir el tuyo cuando se rompa. Atrapa tu camisa. Esa, esa. La de Nirvana, la camisa extra larga, la misma que aquella vez usaste de vestido. La que te abriga y es tan cómoda, la que te da buenas vibraciones, la que tanto te recuerda a ellos. Y, por último, tus all stars. Las converses negras que te acompañan desde hace meses, las desgastadas, las anti-femeninas, las que tanta rabia le dan a tu padre. Las mismas all stars en las que escribiste dos de los acontecimientos más importantes de tu vida, tus zapatillas de siempre

¿En los bolsillos?
Un par de chicles y ganas de comerte el mundo,
sin prejuicios y sin censura. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Lovers.

¿Somos amantes? Amantes.
Eso suena bien.
Suena a encuentros sexuales en hoteles de mala muerte, a felaciones en bares de las afueras, a besos robados en probadores de Pull&Bear. Suena a sexo desenfrenado, a descubrir nuestros deseos ayudados por el otro. Suena a saliva, a jadeos y a corridas. Suena a condones de sabores, a vendas cubriendo los ojos, a nata sobre mis pechos. Suena a placer, a orgasmos, a lujuria, a respiraciones, a gemidos, a gritos, a exclamaciones. Suena a descubrir, a jugar con el dado. Suena a adicción, a heroína y a nicotina. Suena a alcohol, a embriaguez. Suena a perder el norte, a perder todos los puntos cardinales. Suena a dejarse llevar, a no pensar en las consecuencias, a no divagar sobre el futuro. Suena a desnudez, a cuerpos entrelazados, a miembros enfrentados. Suena a semen, al sesenta y nueve, a veinte mil inventos. Suena a piedras, a playas, a parques, a helados y granizadas. Suena a mi cama y a la tuya. Suena a olores mezclados, intercambiados, sacudidos y exprimidos. Suena a aventuras sin Indiana Jones, a música sin Bon Jovi, a lectura sin Ruiz Zafón. Suena a no buscarle explicación, a disfrutar y a sonreír.  Suena a mis deseos cumplidos cuando yo quiera hacerlos realidad, a ropa sobre la alfombra y a fantasías sexuales. Suena a querer, a desear, a predecir, a dibujar, a reinventar, a cabalgar y a desmontar. Suena a streep tees, a canciones insinuantes, a un picardías. Suena a sexo con música, a un tanga verde, a quitarlo a mordisco. Suena a arrancar la ropa, a desgarrar la piel, a destrozarle los labios a besos. Suena a todo y a nada. 


Por ahora, suena bien.

domingo, 4 de septiembre de 2011

I don't want.

Autista reconocida.
No quiero ver a nadie, hablar con nadie, reírle a nadie las gracias, ni siquiera aparentar estar bien para lograr la felicidad de los demás. No quiero tener vida social, amigos, contacto con el mundo exterior. Tampoco quiero tener que salir de mi burbuja de lectura y café. No quiero. No quiero relaciones, sentimientos o sonrisas de ningún tipo. No quiero risa que ahuyente las lágrimas, ni cuentos de hadas que me hagan soñar. No quiero verle el lado positivo a lo malo, guiñarle el ojo al destino, ni hacer planes que se destruyan en un instante. Ya no quiero ser romántica, ni detallista; el sentimentalismo me ha abandonado. No quiero estar bien, ni superarlo. Tampoco quiero pasar página, me gusta vivir estancada en esta. No quiero besar otros labios extraños, abrazar otras espaldas fortuitas, perderme en otros ojos marrones. Pero tampoco quiero no querer todo esto. No quiero aprender a volar por el mismo motivo por el que no quiero escapar de tu red. No quiero decir no cuando mis ojos gritan sí. Sí te quiero, sí quiero estar contigo, sí quiero tenerte a mi lado, sí quiero que todo sea fácil. Sí quiero volver a sonreír, quiero hacerlo a sabiendas de que eres tú la razón de esa sonrisa. Pero ahora, no quiero. No quiero que mi felicidad dependa de nadie. No quiero echarte de menos como tampoco quiero que tú no me eches de menos. No quiero llorarte aún, ni desearte lo mejor. No quiero que lo mejor no sea a mi lado. No quiero, no quiero. No quiero sentirte lejos teniéndote a siete centímetros de mí, ni sentirte cerca a mil kilómetros de distancia. No quiero. No quiero ese viaje a Londres, ni esa noche de musical. No.

Ya no quiero.