Te juro que al verte sentí lo mismo que la última vez.
¿Qué? ¿Ganas de echar un polvo?
Si... y de tener una vida contigo.


domingo, 29 de mayo de 2011

IGNORE ME.

Si vas a ignorarme, hazlo bien. Táchame de tu vida, bórrame con esa memoria escurridiza que tienes, arráncame los pétalos como a una flor marchita, desgarra cada atisbo de la felicidad que pude conseguir. Empápame del egoísmo que te es propio, destroza mis recuerdos en fracciones irreconciliables, acaba con todo lo bueno que nunca podré alcanzar y pisotea lo que en un momento me perteneció. Escupe sobre todo lo que compartimos, haz trizas todos mis esquemas, hazme daño. Hazme daño y que duela. Oblígame a salir de tu vida, yo no soy capaz. Priorízate por encima de cualquier otra cosa, no te pongas en el lugar de los demás. Rasga mis ilusiones, dedicate a atragantarte con mis besos y a sazonar nis abrazos con hipocresía. Dime te quiero y después demuéstrame que no es cierto.


Si vas a ignorarme, hazlo bien.

sábado, 21 de mayo de 2011

That's girl.

Quizás no sepa sumar, no sepa que en la ecuación dos no cabemos. Quizás tampoco tenga mucha idea sobre restas, ni sobre como sobrellevar un desamor. Quizás tenga que perder para aprender a ganar, y quizás tu amor sea ligero y diáfano como el viento.

Pero yo soy la chica, la chica que se encarga de buscar impedimentos donde no los hay, la que retuerce las situaciones hasta exprimir lo peor de la gente, la que sonríe y te envía un dardo de morfina, la que si puede te pegaría la rabia, la que inventa mil excusas para no abrir su corazón, la que oprime sus deseos y falsamente envalentona su alma, la que asiente y sonríe cuando ni acepta ni es feliz, la que construye estereotipos de si misma y los vende para que no descubran como es, la que SIEMPRE da y tan pocas veces recibe. Soy la chica de las mil caras, las cien mentiras, los diez malos gestos y el único sexo posible. Soy la chica que todos consideran buena pero en la que anida una ponzoña más dañina que el cáncer más perverso, en la que lo blanco nunca será puro y en la que lo negro entrama su atractivo. Soy la chica de ninguna parte, de ningún lugar. La chica sin destino, sin casa y sin amor.


O quizás, simplemente, te echo de menos.

jueves, 5 de mayo de 2011

Want.

Quiero descubrir el sabor de tu pecho latiendo a mil por hora contra el mío, el olor de tu respiración en-tre-cor-ta-da y el tacto de esos ojos traviesos. Quiero conocer los secretos de tu cuerpo, conocerlos todos y jugar en ellos. Quiero conocer la intransigencia de lo prohibido y el morbo que encierra un beso robado, la impotencia del deseo no curado y la rebeldía de un corazón ingenuo. Quiero descubrir que no hay límites, que todo consiste en un hacer lo que me apetezca cuando me apetezca con quién me apetezca y en la postura que me apetezca. Quiero conocer el mapa de lo desconocido, el juego de miradas que te excita y el éxtasis de tus fantasías. Quiero ser dueña de tu apetito, alimentar tu lujuria con mis caprichos y mis desaires. Quiero discutir contigo en posición inversa, darte y recibir, terminar jugando al parchís sin quererlo. Quiero descubrir la llama del fuego encendido en cada rincón de tu cuerpo, oler la fiebre que empapa nuestros cuerpos y sentir que no tengo escapatoria. Quiero arrinconarte contra la pared y llevar mi imaginación al límite. Quiero que me susurres al oído, que gimas de pura necesidad, que tu lengua sea experta en la geografía de mi cuerpo y que nos perdamos juntos en el océano Pacífico. Quiero perder la noción del tiempo, que siempre sea a ratos y que a ratos sea por siempre. Quiero ver el placer tatuado en tu cara de manera tan precisa que podamos disfrutar al mismo tiempo. Quiero emborrachar cada poro de tu piel, llegar al coma etílico del placer. Quiero que sin hablar, sepas lo que quiero. Quiero devorar cada centímetro de tu ser, saciar mi sed con tu sed y jugar al juego prohibido de las manos cintura abajo. Quiero perderme en tu cuerpo, sin temor y sin reservas. Quiero recorrer tu boca, a ciegas, sintiendo el anhelo de tus labios por los míos. Quiero usarte como más me convenga, jadearte, gemirte, agarrarte, besarte. Quiero desgarrarte el alma con unas manos como garras.


Quiero bailar contigo sobre una cama.

miércoles, 20 de abril de 2011

They.

Están aquí, conmigo. Son ellos. Mis dos mejores amigos.
Ella es perfecta, sublime, una artista en potencia. Sonríe y el mundo se para sólo para verla a ella. Hace que la vida sea un lugar en el que apetece quedarse, congelar ese momento en el que estás con ella y no dejar que se derrita nunca. Hace que los detalles de la existencia comiencen a cobrar importancia, que lo pequeño se haga grande y que lo enorme merme su tamaño. Consigue que tu día sea brillante, pone parte de su luz propia en mí y me transmite todo el positivismo que me falta. Transforma una lágrima en una risa contagiosa, una posible tormenta en un sol radiante y un dolor de cabeza en ganas de abrazarla. Es la mejor amiga del mundo.
Y luego está él. ÉL con mayúsculas. Me torno tan bipolar cuando estoy con él. Puedo sonreír y estar desgarrándome por dentro, pero puedo llorar y sentir que lo quiero a rabiar en ese momento. Es diferente, es divertido, es todo lo opuesto a mí y eso hace que me guste tanto. No sigue a nadie, es dueño de si mismo, de sus actos y de su vida. La corriente no le arrastra, es más... crea su propia corriente, y a mi me encanta seguirla. Porque adoro verle llegar con las uñas pintadas de negro, me encanta cuando sonríe pero cuando lo hace de verdad. Está guapísimo. Disfruto a su lado como una niña pequeña. No es un príncipe azul, ni hace falta. Me hace feliz y con eso me es suficiente.

Y con ellos mi tarde pasa rápida. Las horas corren y yo no le doy importancia, con ellos el tiempo pierde todo su sentido. Entre arroz, solomillo y patatas fritas. Entre coca-cola y té de limón. Entre risas, conversaciones, telenovelas, masajes a medio hacer, cosquillas en la espalda, películas que no se ven, intentos de encontrar el punto sexy, bailes insinuantes, el estudio de mis besos, la manera en que nos acoplamos, temas traumáticos.

Entre él y ella.

sábado, 16 de abril de 2011

Moment.

Ese momento en el que un no es un sí y un sí, se transforma en un rotundo no. El momento en el que decides hablarme y yo decido pasar de ti, hoy no tengo el día para bromas absurdas. Ese momento en el que mandaría el mundo al traste y rompería mi vida en miles de fotografías desenfocadas. El momento en el que me doy cuenta de que algo no encaja, no va bien, algo desequilibra el resto de la balanza. Ese momento en el que superpongo todas las sonrisas, doblo las lágrimas y hago la cama sobre los días tristes. Ese momento en que me paro a pensar si continuar con esto merece la pena, si esto merece la pena. El momento en que todas las decisiones retumban en mis oídos y los consejos de los demás se acumulan en mi armario. Ese momento en el que destrozaría a zarpazos mi debilidad y desmontaría mi fragilidad pieza a pieza. El momento en el que la sensibilidad gane a la racionalidad y amanezca un día en plena noche. Ese momento en el que las preguntas sin respuesta comiencen a amontonarse tras la puerta y un huracán se dedique a ordenarlas. El momento en el que ni la burla ni la sátira hacen mella en mí y cualquier comentario sibilino se derrite en las bocas de quiénes los lanzan como dardos a la diana de mi pecho. Ese momento en el que descubres que no sabes nada de absolutamente nadie, y que probablemente los demás sepan aún menos de ti. El momento en el que el vaso no está ni medio lleno, ni medio vacío; simplemente, no hay vaso. Ese momento en el que tus sueños, por fin se presentan como lo que son, meras fantasías. Imposibles, ficticias, ajenas a ti misma. El momento en el que descubres que tus sueños no son tuyos, son los sueños que los demás han querido poner en ti. Ese momento en que tú ya no eres tú, eres lo que la sociedad ha hecho de ti. Con sus prejuicios, sus cánones y sus estereotipos absurdos. Ese momento el que te descubres buscando la manera de huir de toda esta falsa amabilidad, de todo lo que no eres tú. Ese momento en el que ya no me importa lo más mínimo el mundo que me rodea.

Justo en ese momento, se encuentra mi vida.

jueves, 14 de abril de 2011

Just people.

Considera que evolucionamos. Nos creamos, nos destrozamos pero en esencia seguimos siendo los mismos. Descubrimos sensaciones, viajamos y eso aumenta nuestras posibilidades. Decidimos no querer, no sentir, no implicarnos para no sufrir. Conseguimos olvidar lo que recordamos y recordar lo que olvidamos, de manera contradictoria pero totalmente cierta. Construimos murallas para aislarnos e islas artificiales, formando nuestro propio mundo. Seleccionamos lo bueno y desechamos lo malo, sin saber que ambos son necesarios. Disfrazamos la tristeza tras sonrisas y escondemos las lágrimas en tarros de mermelada amarga. Lanzamos al mar botellas con mensajes que nadie leerá. Soñamos imposibles que son totalmente posibles pero que están fuera de nuestro alcance. Escuchamos los silencios y silenciamos los gritos sin sentido. Hacemos oídos sordos al mundo y transitamos como ciegos sin guía. Rompemos los esquemas e inventamos prejuicios absurdos para explicar las diferencias entre nosotros. Firmamos contratos afirmando que estamos de acuerdo, pero siempre pensamos diferente que los demás. Creemos ser los únicos que no lo tenemos claro, los únicos que tenemos miedo. Manejamos la certeza de que nuestros pensamientos son extraordinarios y no siguen los patrones del resto. Dibujamos un panorama desalentador para no hacernos ilusiones. Ponemos especial empeño en autodestruirnos, pensando que, tal vez así, consigamos hacernos más fuertes. Debilitamos nuestros puntos más frágiles sin dar importancia a las grietas que abran en nuestra alma. Nos dedicamos a querer a quién menos nos conviene, pero eso no se elige. Somos capaces de hacer magia. Besamos sin ningún tipo de pudor y decimos te quiero como el que dice hola. Somos unos hipócritas pues aquello de lo que renegamos es lo que termina guiando nuestros pasos. Esquivamos los problemas sin intentar solventarlos, simplemente los evitamos. Tiramos por el camino fácil, pero no es lo correcto. Lloramos para llamar la atención y requerimos del cariño que el mundo nos niega. Sentimos sin sentir realmente y miramos sin ver. Nos desorientamos con las luces de la ciudad y andamos tan perdidos que terminamos encontrándonos.


Al fin y al cabo, sólo somos personas.

viernes, 8 de abril de 2011

Run.

Camino por el parque.
Había mucha gente. Me agobiaba y me sentía fuera de lugar. Muy fuera de lugar. Todos hablaban con todos, y hoy yo no quiero hablar con nadie. Quiero observar el mundo desde fuera, abandonar mi cuerpo y ser etérea, poder flotar entre los comentarios sibilinos de algunos y las risas incontroladas de otros pocos. No dejar de escuchar música, sumirme en las notas musicales, que mis pies se muevan al compás. Quiero no obligarme a poner buena cara si no lo siento, y no decir hola para iniciar una conversación absurda e hipócrita.
Hoy quiero ser la única persona del mundo, y caminar sola por el parque. Sintiendo la melodía en todos los poros de mi piel y el verde que me rodea. Necesito verde, como dice él. Y es justo él, quién aparece tras de mí y me asusta sin proponérselo, se inmiscuye en mis pensamientos pero por ahora mis oídos son todos de Michel Bublé. Caminamos mucho y hablamos poco. No, hoy no quiero hablar. Quiero actuar. Y salgo corriendo. Necesito sentir mi pulso acelerado, mi respiración entrecortada, la elongación de mis piernas, la explosión de fuerza en mi interior. Necesito sudar, que mis poros lloren, eliminar toxinas para ver si así expulso todo lo extraño que llevo dentro. ¿Inseguridades? ¿Preocupaciones? ¿Incertidumbre? ¿Desmotivaciones? ¿Inexperiencia? ¿Miedo? ¿Miseria? ¿Autodestrucción? Todo lo extraño que llevo dentro y que no sé cómo explicar. Toda esa mezcla de sentimientos, hormonas y perfume de fresa. Cero de racionalidad, me he dado cuenta de que no sirve para absolutamente nada. Todo. Quiero expulsarlo todo y quedarme en blanco.
Sigo corriendo. Corro y mis piernas no me fallan. Mis piernas no, pero mi corazón sí. Quiero parar porque deseo que me alcance, que me abrace como sólo él sabe hacer, quiero tenerlo tan cerca de mí que sea capaz de notar su aliento contra mi boca, quiero que me toque, quiero sentir su corazón a cien por hora y el retumbar de sus latidos en mis oídos, quiero que entrelace sus dedos entre los míos y que se los llevo a su boca para besarlos, quiero que acaricie mi rostro de tal manera que después me bese. Quiero parar. Quiero parar y lo hago. Pero de forma que él piense que me ha ganado, que me he cansado, que puede conmigo en ese aspecto; aunque podría seguir corriendo durante 30 minutos más sin ningún tipo de problema.
Mientras paro, me agarra por la cintura y me coloca frente a él. Nos miramos, directamente a los ojos, escrutando nuestras almas y enviando un mensaje que solo nosotros sabemos interpretar. SOY FELIZ. Navegamos en medio del Pacífico y nunca un océano me pareció tan inmenso. Decido quedarme en él, en mi barco de vela, sin motor ni timonel, sin radar ni brújula, sin estrellas que me guíen o víveres que puedan alimentarme. Aprenderé todo lo que necesite saber y construiré mi vida en medio de el ignoto océano. Este es mi sitio; porque yo fui hecha para la mar, y no para tierra firme. Y te acercas más a mí, jadeas cansado por la carrera. Me besas. Me besas lento, con suavidad, con ternura. Me besas pausado, progresivamente, sin movimientos bruscos. Me besas con amor, con pasión escondida. Me besas con ganas de poder ofrecérmelo todo, aunque ambos sabemos que no es posible. Me besas y sigues jadeando en mi boca. Me besas y, es preferible, porque no sabría que decir. Sigues besándome. Nuestras respiraciones se acompasan, tu pulso cardíaco disminuye y mis ganas locas de gritar al mundo que corra van disminuyendo. Te tengo aquí, en mi boca, jugando a no encontrarnos. Y el beso termina, entre jadeos de mi boca y sonrisas de la tuya.
Nos quedamos mirándonos sin realmente vernos. Desde tan cerca es imposible, tu cara y la mía están en contacto. Veo el resplandor castaño de tus ojos y el brillo que destilan.
- Te quiero.
- Y yo.
Creo que corría para evitarlo todo,
pero no tengo nada que evitar.