Te juro que al verte sentí lo mismo que la última vez.
¿Qué? ¿Ganas de echar un polvo?
Si... y de tener una vida contigo.


miércoles, 12 de octubre de 2011

True Love.

Había una mujer. Una mujer con miles de manías, con cientos de pliegues en su piel, con unos ojos perdidos en el vacío. Había una mujer que hablaba con nadie, con su impotencia y su ansiedad; hablaba en el lenguaje más cuerdo de todos, el lenguaje para sí mismaDisertaba con ella misma y se enfadaba sin motivo, te miraba y, en el fondo de sus ojos, podías ver el sufrimiento de una mente que ya no responde a razones. Había una mujer bella, no por su piel cuarteada ni por su excesiva vacuidad, era una mujer bella porque sí, sin atender a un patrón. Era bella sin pedir explicaciones por ello y sin tener que dar cuentas a nadie. Había una mujer y, a su lado, había un hombre. Si, por supuesto, también había un hombre. Serio, con un bigotillo curioso que le bañaba el labio superior; alto, quizás demasiado alto para una mujer tan pequeña. Había un hombre terco, impaciente e inquieto, un hombre que hacía ver que no sabía lo que pasaba a su alrededor. Había un hombre que disimulaba fatal su enorme inquietud, que corría cuando quería volar y volaba cuando no podía desvanecerse. Había un hombre enamorado, un hombre enamorado de una mujer enferma. Ella, a veces, le miraba y otras tantas no; él, sólo tenía ojos para ella.
Pero no le importaba, no le importaba absolutamente nada. Él la quería a ella, la quería desde el primer día que la vio y desde entonces, supo que el destino juntaría sus caminos. La quería sobre todo cuando se enfadaba, cuando se ponía celosa sin motivo o cuando no estaba maquillada. La quería incluso cuando la enfermedad empezó a consumirla, cuando ya no sabía distinguir entre lo real y lo ficticio. Incluso ahí la quería, incluso ahí  la quiere. 
¿Si me lo dijo? No, nunca. Esas cosas no se dicen, se descubren.


 Y descubrir su mirada de enamorado
fue suficiente para explicarme la historia entera 
sin ni siquiera decirle hola.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Get used.

Por favor, no me dejes hacerlo.
No dejes que vuelva a acostumbrarme a ti, a tu sonrisa, a ese olor que me vuelve loca, a verte aparecer todas las mañanas con las sábanas pegadas, la almohada y todo el juego de cama. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu mirada, esa en las que tanta veces me perdí. No dejes que su color marrón vuelva a ser mi color favorito. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu risa, a la sonrisa más perfecta que jamás haya visto, a esos labios que huelen a ti. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tus brazos, a mi mano entrelazada con la tuya, a tu forma de desquiciarme. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tenerte tras de mí, a esos abrazos por la espalda que tanto me gustan, a una llamada en la que de repente suene un te quiero. No dejes que vuelva a acostumbrarme a esas largas conversaciones y esas no tan conversaciones en las madrugadas de cada día. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu letra, a tu música, a tu forma de vestir. A tu pelo alborotado, a su olor tras la lluvia. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu adicción por el chocolate, a tu obsesión con Phineas & Ferb y a tu afición por los eventos culturales. No dejes que vuelva a acostumbrare al tacto de tu piel, a la forma en que se erizaba cuando algo te gustaba. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tus besos, a los largos y a los cortos, a los secos y a los mojados, a los tiernos y a los salvajes, a los picantes y a los ingenuos, a los perfectos y a los aún mejor que perfectos. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu forma de reír, a la manera en que me mirabas, a lo que me hacías sentir.
No dejes que me acostumbre.

Quiero quererte,
no acostumbrarme.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Shut up.

¡Calla!
Ahora ve, y cómetelos a todos.
Enfúndate los vaqueros de chica mayor, los desgastados, los de los mil y un agujeros, esos que tanto odia tu madre. Póntelos y destrózalos aún más. Regálale tres agujeros nuevos, siete caídas en nueve charcos diferentes, una mancha de alguna sustancia imborrable. Dibújale un trébol de cuatro hojas que te de suerte, una sonrisa para alegrarte los días y un corazón para sustituir el tuyo cuando se rompa. Atrapa tu camisa. Esa, esa. La de Nirvana, la camisa extra larga, la misma que aquella vez usaste de vestido. La que te abriga y es tan cómoda, la que te da buenas vibraciones, la que tanto te recuerda a ellos. Y, por último, tus all stars. Las converses negras que te acompañan desde hace meses, las desgastadas, las anti-femeninas, las que tanta rabia le dan a tu padre. Las mismas all stars en las que escribiste dos de los acontecimientos más importantes de tu vida, tus zapatillas de siempre

¿En los bolsillos?
Un par de chicles y ganas de comerte el mundo,
sin prejuicios y sin censura. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Lovers.

¿Somos amantes? Amantes.
Eso suena bien.
Suena a encuentros sexuales en hoteles de mala muerte, a felaciones en bares de las afueras, a besos robados en probadores de Pull&Bear. Suena a sexo desenfrenado, a descubrir nuestros deseos ayudados por el otro. Suena a saliva, a jadeos y a corridas. Suena a condones de sabores, a vendas cubriendo los ojos, a nata sobre mis pechos. Suena a placer, a orgasmos, a lujuria, a respiraciones, a gemidos, a gritos, a exclamaciones. Suena a descubrir, a jugar con el dado. Suena a adicción, a heroína y a nicotina. Suena a alcohol, a embriaguez. Suena a perder el norte, a perder todos los puntos cardinales. Suena a dejarse llevar, a no pensar en las consecuencias, a no divagar sobre el futuro. Suena a desnudez, a cuerpos entrelazados, a miembros enfrentados. Suena a semen, al sesenta y nueve, a veinte mil inventos. Suena a piedras, a playas, a parques, a helados y granizadas. Suena a mi cama y a la tuya. Suena a olores mezclados, intercambiados, sacudidos y exprimidos. Suena a aventuras sin Indiana Jones, a música sin Bon Jovi, a lectura sin Ruiz Zafón. Suena a no buscarle explicación, a disfrutar y a sonreír.  Suena a mis deseos cumplidos cuando yo quiera hacerlos realidad, a ropa sobre la alfombra y a fantasías sexuales. Suena a querer, a desear, a predecir, a dibujar, a reinventar, a cabalgar y a desmontar. Suena a streep tees, a canciones insinuantes, a un picardías. Suena a sexo con música, a un tanga verde, a quitarlo a mordisco. Suena a arrancar la ropa, a desgarrar la piel, a destrozarle los labios a besos. Suena a todo y a nada


Por ahora, suena bien.

domingo, 4 de septiembre de 2011

I don't want.

Autista reconocida.
No quiero ver a nadie, hablar con nadie, reírle a nadie las gracias, ni siquiera aparentar estar bien para lograr la felicidad de los demás. No quiero tener vida social, amigos, contacto con el mundo exterior. Tampoco quiero tener que salir de mi burbuja de lectura y café. No quiero. No quiero relaciones, sentimientos o sonrisas de ningún tipo. No quiero risa que ahuyente las lágrimas, ni cuentos de hadas que me hagan soñar. No quiero verle el lado positivo a lo malo, guiñarle el ojo al destino, ni hacer planes que se destruyan en un instante. Ya no quiero ser romántica, ni detallista; el sentimentalismo me ha abandonado. No quiero estar bien, ni superarlo. Tampoco quiero pasar página, me gusta vivir estancada en esta. No quiero besar otros labios extraños, abrazar otras espaldas fortuitas, perderme en otros ojos marrones. Pero tampoco quiero no querer todo esto. No quiero aprender a volar por el mismo motivo por el que no quiero escapar de tu red. No quiero decir no cuando mis ojos gritan sí. te quiero, quiero estar contigo, quiero tenerte a mi lado, quiero que todo sea fácil. quiero volver a sonreír, quiero hacerlo a sabiendas de que eres la razón de esa sonrisa. Pero ahora, no quiero. No quiero que mi felicidad dependa de nadie. No quiero echarte de menos como tampoco quiero que tú no me eches de menos. No quiero llorarte aún, ni desearte lo mejor. No quiero que lo mejor no sea a mi lado. No quiero, no quiero. No quiero sentirte lejos teniéndote a siete centímetros de mí, ni sentirte cerca a mil kilómetros de distancia. No quiero. No quiero ese viaje a Londres, ni esa noche de musical. No.

Ya no quiero.

viernes, 24 de junio de 2011

THE moment.

Llega un momento en el que te cansas de reconstruirte, en el que no le encuentras un sentido práctico a seguir creyendo en tu realidad, en el que las lágrimas ya son un rasgo más de tu cara. Llega un momento en el que la risa se confunde con el llanto y las ilusiones se estrellan contra el muro de lo imposible. Llega un momento en el que el corazón ya no reacciona, las emociones ya no se expresan y los sentimientos ya no afloran. Llega un momento en el que terminas por NO sentir extrañeza pues te acostumbras a lo inverosímil de los hechos que se presentan, en el que las expresiones tienen cuatro significados antagónicos y distintos y en el que el brillo de tus ojos se ha esfumado. Llega un momento en el que ya no puedes sentir nada, un momento en el que ya has gastado todo lo que había en tu interior. Llega un momento en el que crees que no puedes confiar en nadie, en el que un sólo grano de arena construye la montaña. Llega ese momento y te arrasa, te acribilla a balazos, te despunta el alma, y retuerce tu entereza para sacarle todo su jugo. Pero de la misma forma en que llega ese momento, se va.


Se va ese momento al mismo tiempo que llega tu sonrisa.

martes, 7 de junio de 2011

Feelings.

Cuando te sientes a ras de suelo. Sin ganas de nada, pero sabiendo que lo único de lo que tienes ganas es de que todo se solucione. Sólo quieres que se quede en un susto, que él se tire a la piscina y si está de hundirse, que se hunda. Aunque tú nunca dejarías que pasara. Sólo quieres llegar un buen día y ver que la tormenta ha pasado, con sus consecuencias devastadoras y causando estragos a todo el que toca, pero ya ha pasado. Lo único que de verdad necesitas es volver a sentir lo del principio, con toda su dulzura, su intensidad y su novedad. Pero nada de eso va a pasar. Se han dicho muchas cosas como para omitirlas y te han dado tantos consejos. Consejos que apuntan a la misma solución y que no quieres seguir. Termínalo, acábalo, asústalo, ponlo celoso, juega con él. No quieres nada de eso, nada de eso te sirve porque no soluciona el problema simplemente crea uno nuevo.
Tendrás que vivir sin él, sonreír sin que sea él el motivo de todas esas sonrisas, explorar nuevos caminos con gente nueva, abrazar espaldas diferentes a la suya, besar labios completamente antagónicos a los de él. Tendrás que aprender a no hablarle, a no acariciarle, a no sentirle cerca a tu lado. Tendrás que aprender a no mirarle, a no cogerle de la mano por la calle. Tendrás que aprender a olvidarle, a mostrarte indiferente cuando encuentre un nuevo amor. Tendrás que aprender a vivir sin él.
O peor, tendrás que aprender a ser su amiga.
Y aprenderás todo eso, porque sabes que le quieres tanto, le has cogido tanto cariño, que no deseas perderlo por la estupidez de un amor que no encaja. Pero te dolerá, te costará horrores. Será el paso de tu vida que más esfuerzo te suponga y sin embargo, por él...


 lo darías cien mil veces.