Te juro que al verte sentí lo mismo que la última vez.
¿Qué? ¿Ganas de echar un polvo?
Si... y de tener una vida contigo.


viernes, 23 de diciembre de 2011

A shelter.

Te quiero de una forma contradictoria y, a veces, hasta dañina. Te quiero en términos extraños de ambivalencia y polivalencia, de ceder por no gritar y de cerrar los ojos aunque ya ni tenga. Te quiero por momentos, a ratos e intervalos; pero eso no es justo para ti, ni para mi, ni incluso para nuestros corazones. Me gustaría poder quererte de otra forma, apostarlo todo por ese número que, de repente, pasó a cobrar tanta importancia, querer sin reservas y sin miedo; pero me hicieron tanto daño que ya no quiero querer de esa manera. Y tú no te lo mereces, no te mereces que alguien te quiera con una porción tan pequeña de su corazón porque el resto se halle en reparaciones.
Sin embargo, he construido para ti un pequeño refugio. Una cabaña en pleno bosque donde eres lo único necesario para vivir, un molino que ahuyenta los problemas y seca las lágrimas, un cobertizo donde cubrirnos con miles de mantas, combatir el frío con el calor de tu sonrisa. He construido para ti un pequeño refugio donde poder perdernos y encontrarnos, donde la noción del tiempo no se recoge en ningún diccionario y la distancia es sólo una quimera. He construido para ti un pequeño refugio entrelazado en nuestras miradas, un refugio que te regalo en cada beso y que ya no presenta coordenadas
He construido un pequeño refugio para ti

Uno pequeño, 
pero siempre podemos hacer reformas.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Need.

Necesito cariño. No un cariño cualquiera, necesito tu cariño. Necesito saber que vas a estar ahí cuando yo caiga, cuando todo se vuelva negro y se me derrumben los pies. Necesito saber que sonreirás cuando yo llore y que harás mil tonterías porque mis lágrimas sean de felicidad. Necesito saber que esto no va a terminar aquí. Necesito saber que hay algo más, que podemos ser algo más. Necesito no perder la esperanza, ni el optimismo, ni que tus palabras enturbien mi día. Necesito un mínimo de interés por tu parte, me canso de ser la única a la que parezca importarle. Necesito tus ojos para que brillen al verme, o tu voz para que no deje de meterse con mi nariz. Necesito que las cosas vuelvan a su cauce. No completamente, pero de una forma indirecta, no estaría mal. Necesito que estés cuando puedas estar y porque quieras estar, no quiero que permanezcas por obligación o costumbre. Necesito saber que esto es una mala racha, un simple bache, una prueba para saber si esto debe o no ser. Necesito saber que lo superaremos, como siempre. Hagamos lo que hagamos y seamos lo que seamos.
Necesito que, sólo a veces, me digas que me quieres.
Una vez al mes no es suficiente.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sad look.

Fue una mirada triste que nos mató a todos. Echó por tierra nuestros sueños, nuestros prejuicios e inseguridades. Consiguió transformar la hiperactividad en un recuerdo ajeno y extraño, sin ni siquiera darse cuenta. Hizo que el mar desapareciera tras un leve parpadeo y silenció el rumor de las olas por siempre. Transformó la tristeza en su bandera, la llevó en su corazón y la ondeó hasta que los brazos le ardieron. Degeneró los colores del mundo en un monocromático gris, al igual que su sonrisa, la cual perdió. Perdió su sonrisa intentando hacer lo correcto, dejó su vida en suspenso durante un tiempo y obtuvo 3 años de absoluta nada.
Pero no se rindió, hizo ver al mundo que la vida seguía adelante, que nada podría afectarle y que los cambios de humor eran cosas de la edad. Nos hizo creer que estaba bien, que era una de las personas más fuertes del mundo. 

Pero eso no hacía más que destruirla,
eso no hacía más que destruirla por dentro.

martes, 15 de noviembre de 2011

Destroyed.

Te pierdes en tu propio océano, en tu mar de incertidumbre, en tu cóctel sentimental. Te pierdes y no tienes ni idea de cómo volver a encontrarte, ni siquiera sabes si, realmente, quieres encontrarte. El camino tan claro, tan diáfano, ESE futuro que vislumbrabas para ti, se ha perdido; se ha perdido y nunca vas a recuperarlo. Como nada de lo que tenías antes. Los pasos que das ya son completamente a ciegas, sin ningún tipo de sentido y cada vez andas más expuesta. Las críticas que antes aceptabas ahora ahondan en ti como nunca antes lo habían hecho, cualquier comentario puede transformar tu humor. Y los pasos te exponen cada vez más y más. Aparentas ser lo que no eres. Una chica alegre, con sentido del humor, simpática, graciosa y segura de sí misma. Sí supieran, realmente, que tú no eres nada de eso, no se lo creerían. Llevas tan intrínseca la cuestión de no dejar ver quién eres que la forma que tienes de mentir ya se presenta como natural. Te han cortado tanto las alas y, de una forma tan brutal, que perdiste todas las ganas de volver a extenderlas. Pero mentirías si dijeras que nunca lo intentaste. Claro que lo intentaste. Lo intentaste una única vez, y esa única vez fue suficiente. Fue suficiente para saber que es precioso, que la sensación de libertad es maravillosa, que los sentimientos que surgen de ello pueden transformar la inexistencia en la realidad. Fue suficiente para saber que las alas extendidas abarcan más, pero también para darte cuenta de que, extendidas, las alas están más expuestas. 


Y a ti, sinceramente, te fallaron en pleno vuelo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

True Love.

Había una mujer. Una mujer con miles de manías, con cientos de pliegues en su piel, con unos ojos perdidos en el vacío. Había una mujer que hablaba con nadie, con su impotencia y su ansiedad; hablaba en el lenguaje más cuerdo de todos, el lenguaje para sí mismaDisertaba con ella misma y se enfadaba sin motivo, te miraba y, en el fondo de sus ojos, podías ver el sufrimiento de una mente que ya no responde a razones. Había una mujer bella, no por su piel cuarteada ni por su excesiva vacuidad, era una mujer bella porque sí, sin atender a un patrón. Era bella sin pedir explicaciones por ello y sin tener que dar cuentas a nadie. Había una mujer y, a su lado, había un hombre. Si, por supuesto, también había un hombre. Serio, con un bigotillo curioso que le bañaba el labio superior; alto, quizás demasiado alto para una mujer tan pequeña. Había un hombre terco, impaciente e inquieto, un hombre que hacía ver que no sabía lo que pasaba a su alrededor. Había un hombre que disimulaba fatal su enorme inquietud, que corría cuando quería volar y volaba cuando no podía desvanecerse. Había un hombre enamorado, un hombre enamorado de una mujer enferma. Ella, a veces, le miraba y otras tantas no; él, sólo tenía ojos para ella.
Pero no le importaba, no le importaba absolutamente nada. Él la quería a ella, la quería desde el primer día que la vio y desde entonces, supo que el destino juntaría sus caminos. La quería sobre todo cuando se enfadaba, cuando se ponía celosa sin motivo o cuando no estaba maquillada. La quería incluso cuando la enfermedad empezó a consumirla, cuando ya no sabía distinguir entre lo real y lo ficticio. Incluso ahí la quería, incluso ahí  la quiere. 
¿Si me lo dijo? No, nunca. Esas cosas no se dicen, se descubren.


 Y descubrir su mirada de enamorado
fue suficiente para explicarme la historia entera 
sin ni siquiera decirle hola.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Get used.

Por favor, no me dejes hacerlo.
No dejes que vuelva a acostumbrarme a ti, a tu sonrisa, a ese olor que me vuelve loca, a verte aparecer todas las mañanas con las sábanas pegadas, la almohada y todo el juego de cama. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu mirada, esa en las que tanta veces me perdí. No dejes que su color marrón vuelva a ser mi color favorito. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu risa, a la sonrisa más perfecta que jamás haya visto, a esos labios que huelen a ti. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tus brazos, a mi mano entrelazada con la tuya, a tu forma de desquiciarme. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tenerte tras de mí, a esos abrazos por la espalda que tanto me gustan, a una llamada en la que de repente suene un te quiero. No dejes que vuelva a acostumbrarme a esas largas conversaciones y esas no tan conversaciones en las madrugadas de cada día. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu letra, a tu música, a tu forma de vestir. A tu pelo alborotado, a su olor tras la lluvia. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu adicción por el chocolate, a tu obsesión con Phineas & Ferb y a tu afición por los eventos culturales. No dejes que vuelva a acostumbrare al tacto de tu piel, a la forma en que se erizaba cuando algo te gustaba. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tus besos, a los largos y a los cortos, a los secos y a los mojados, a los tiernos y a los salvajes, a los picantes y a los ingenuos, a los perfectos y a los aún mejor que perfectos. No dejes que vuelva a acostumbrarme a tu forma de reír, a la manera en que me mirabas, a lo que me hacías sentir.
No dejes que me acostumbre.

Quiero quererte,
no acostumbrarme.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Shut up.

¡Calla!
Ahora ve, y cómetelos a todos.
Enfúndate los vaqueros de chica mayor, los desgastados, los de los mil y un agujeros, esos que tanto odia tu madre. Póntelos y destrózalos aún más. Regálale tres agujeros nuevos, siete caídas en nueve charcos diferentes, una mancha de alguna sustancia imborrable. Dibújale un trébol de cuatro hojas que te de suerte, una sonrisa para alegrarte los días y un corazón para sustituir el tuyo cuando se rompa. Atrapa tu camisa. Esa, esa. La de Nirvana, la camisa extra larga, la misma que aquella vez usaste de vestido. La que te abriga y es tan cómoda, la que te da buenas vibraciones, la que tanto te recuerda a ellos. Y, por último, tus all stars. Las converses negras que te acompañan desde hace meses, las desgastadas, las anti-femeninas, las que tanta rabia le dan a tu padre. Las mismas all stars en las que escribiste dos de los acontecimientos más importantes de tu vida, tus zapatillas de siempre

¿En los bolsillos?
Un par de chicles y ganas de comerte el mundo,
sin prejuicios y sin censura. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Lovers.

¿Somos amantes? Amantes.
Eso suena bien.
Suena a encuentros sexuales en hoteles de mala muerte, a felaciones en bares de las afueras, a besos robados en probadores de Pull&Bear. Suena a sexo desenfrenado, a descubrir nuestros deseos ayudados por el otro. Suena a saliva, a jadeos y a corridas. Suena a condones de sabores, a vendas cubriendo los ojos, a nata sobre mis pechos. Suena a placer, a orgasmos, a lujuria, a respiraciones, a gemidos, a gritos, a exclamaciones. Suena a descubrir, a jugar con el dado. Suena a adicción, a heroína y a nicotina. Suena a alcohol, a embriaguez. Suena a perder el norte, a perder todos los puntos cardinales. Suena a dejarse llevar, a no pensar en las consecuencias, a no divagar sobre el futuro. Suena a desnudez, a cuerpos entrelazados, a miembros enfrentados. Suena a semen, al sesenta y nueve, a veinte mil inventos. Suena a piedras, a playas, a parques, a helados y granizadas. Suena a mi cama y a la tuya. Suena a olores mezclados, intercambiados, sacudidos y exprimidos. Suena a aventuras sin Indiana Jones, a música sin Bon Jovi, a lectura sin Ruiz Zafón. Suena a no buscarle explicación, a disfrutar y a sonreír.  Suena a mis deseos cumplidos cuando yo quiera hacerlos realidad, a ropa sobre la alfombra y a fantasías sexuales. Suena a querer, a desear, a predecir, a dibujar, a reinventar, a cabalgar y a desmontar. Suena a streep tees, a canciones insinuantes, a un picardías. Suena a sexo con música, a un tanga verde, a quitarlo a mordisco. Suena a arrancar la ropa, a desgarrar la piel, a destrozarle los labios a besos. Suena a todo y a nada


Por ahora, suena bien.

domingo, 4 de septiembre de 2011

I don't want.

Autista reconocida.
No quiero ver a nadie, hablar con nadie, reírle a nadie las gracias, ni siquiera aparentar estar bien para lograr la felicidad de los demás. No quiero tener vida social, amigos, contacto con el mundo exterior. Tampoco quiero tener que salir de mi burbuja de lectura y café. No quiero. No quiero relaciones, sentimientos o sonrisas de ningún tipo. No quiero risa que ahuyente las lágrimas, ni cuentos de hadas que me hagan soñar. No quiero verle el lado positivo a lo malo, guiñarle el ojo al destino, ni hacer planes que se destruyan en un instante. Ya no quiero ser romántica, ni detallista; el sentimentalismo me ha abandonado. No quiero estar bien, ni superarlo. Tampoco quiero pasar página, me gusta vivir estancada en esta. No quiero besar otros labios extraños, abrazar otras espaldas fortuitas, perderme en otros ojos marrones. Pero tampoco quiero no querer todo esto. No quiero aprender a volar por el mismo motivo por el que no quiero escapar de tu red. No quiero decir no cuando mis ojos gritan sí. te quiero, quiero estar contigo, quiero tenerte a mi lado, quiero que todo sea fácil. quiero volver a sonreír, quiero hacerlo a sabiendas de que eres la razón de esa sonrisa. Pero ahora, no quiero. No quiero que mi felicidad dependa de nadie. No quiero echarte de menos como tampoco quiero que tú no me eches de menos. No quiero llorarte aún, ni desearte lo mejor. No quiero que lo mejor no sea a mi lado. No quiero, no quiero. No quiero sentirte lejos teniéndote a siete centímetros de mí, ni sentirte cerca a mil kilómetros de distancia. No quiero. No quiero ese viaje a Londres, ni esa noche de musical. No.

Ya no quiero.

viernes, 24 de junio de 2011

THE moment.

Llega un momento en el que te cansas de reconstruirte, en el que no le encuentras un sentido práctico a seguir creyendo en tu realidad, en el que las lágrimas ya son un rasgo más de tu cara. Llega un momento en el que la risa se confunde con el llanto y las ilusiones se estrellan contra el muro de lo imposible. Llega un momento en el que el corazón ya no reacciona, las emociones ya no se expresan y los sentimientos ya no afloran. Llega un momento en el que terminas por NO sentir extrañeza pues te acostumbras a lo inverosímil de los hechos que se presentan, en el que las expresiones tienen cuatro significados antagónicos y distintos y en el que el brillo de tus ojos se ha esfumado. Llega un momento en el que ya no puedes sentir nada, un momento en el que ya has gastado todo lo que había en tu interior. Llega un momento en el que crees que no puedes confiar en nadie, en el que un sólo grano de arena construye la montaña. Llega ese momento y te arrasa, te acribilla a balazos, te despunta el alma, y retuerce tu entereza para sacarle todo su jugo. Pero de la misma forma en que llega ese momento, se va.


Se va ese momento al mismo tiempo que llega tu sonrisa.

martes, 7 de junio de 2011

Feelings.

Cuando te sientes a ras de suelo. Sin ganas de nada, pero sabiendo que lo único de lo que tienes ganas es de que todo se solucione. Sólo quieres que se quede en un susto, que él se tire a la piscina y si está de hundirse, que se hunda. Aunque tú nunca dejarías que pasara. Sólo quieres llegar un buen día y ver que la tormenta ha pasado, con sus consecuencias devastadoras y causando estragos a todo el que toca, pero ya ha pasado. Lo único que de verdad necesitas es volver a sentir lo del principio, con toda su dulzura, su intensidad y su novedad. Pero nada de eso va a pasar. Se han dicho muchas cosas como para omitirlas y te han dado tantos consejos. Consejos que apuntan a la misma solución y que no quieres seguir. Termínalo, acábalo, asústalo, ponlo celoso, juega con él. No quieres nada de eso, nada de eso te sirve porque no soluciona el problema simplemente crea uno nuevo.
Tendrás que vivir sin él, sonreír sin que sea él el motivo de todas esas sonrisas, explorar nuevos caminos con gente nueva, abrazar espaldas diferentes a la suya, besar labios completamente antagónicos a los de él. Tendrás que aprender a no hablarle, a no acariciarle, a no sentirle cerca a tu lado. Tendrás que aprender a no mirarle, a no cogerle de la mano por la calle. Tendrás que aprender a olvidarle, a mostrarte indiferente cuando encuentre un nuevo amor. Tendrás que aprender a vivir sin él.
O peor, tendrás que aprender a ser su amiga.
Y aprenderás todo eso, porque sabes que le quieres tanto, le has cogido tanto cariño, que no deseas perderlo por la estupidez de un amor que no encaja. Pero te dolerá, te costará horrores. Será el paso de tu vida que más esfuerzo te suponga y sin embargo, por él...


 lo darías cien mil veces.

domingo, 29 de mayo de 2011

IGNORE ME.

Si vas a ignorarme, hazlo bien. Táchame de tu vida, bórrame con esa memoria escurridiza que tienes, arráncame los pétalos como a una flor marchita, desgarra cada atisbo de la felicidad que pude conseguir. Empápame del egoísmo que te es propio, destroza mis recuerdos en fracciones irreconciliables, acaba con todo lo bueno que nunca podré alcanzar y pisotea lo que en un momento me perteneció. Escupe sobre todo lo que compartimos, haz trizas todos mis esquemas, hazme daño. Hazme daño y que duela. Oblígame a salir de tu vida, yo no soy capaz. Priorízate por encima de cualquier otra cosa, no te pongas en el lugar de los demás. Rasga mis ilusiones, dedicate a atragantarte con mis besos y a sazonar nis abrazos con hipocresía. Dime te quiero y después demuéstrame que no es cierto.


Si vas a ignorarme, hazlo bien.

sábado, 21 de mayo de 2011

That's girl.

Quizás no sepa sumar, no sepa que en la ecuación dos no cabemos. Quizás tampoco tenga mucha idea sobre restas, ni sobre como sobrellevar un desamor. Quizás tenga que perder para aprender a ganar, y quizás tu amor sea ligero y diáfano como el viento.

Pero yo soy la chica, la chica que se encarga de buscar impedimentos donde no los hay, la que retuerce las situaciones hasta exprimir lo peor de la gente, la que sonríe y te envía un dardo de morfina, la que si puede te pegaría la rabia, la que inventa mil excusas para no abrir su corazón, la que oprime sus deseos y falsamente envalentona su alma, la que asiente y sonríe cuando ni acepta ni es feliz, la que construye estereotipos de si misma y los vende para que no descubran como es, la que SIEMPRE da y tan pocas veces recibe. Soy la chica de las mil caras, las cien mentiras, los diez malos gestos y el único sexo posible. Soy la chica que todos consideran buena pero en la que anida una ponzoña más dañina que el cáncer más perverso, en la que lo blanco nunca será puro y en la que lo negro entrama su atractivo. Soy la chica de ninguna parte, de ningún lugar. La chica sin destino, sin casa y sin amor.


O quizás, simplemente, te echo de menos.

jueves, 5 de mayo de 2011

Want.

Quiero descubrir el sabor de tu pecho latiendo a mil por hora contra el mío, el olor de tu respiración en-tre-cor-ta-da y el tacto de esos ojos traviesos. Quiero conocer los secretos de tu cuerpo, conocerlos todos y jugar en ellos. Quiero conocer la intransigencia de lo prohibido y el morbo que encierra un beso robado, la impotencia del deseo no curado y la rebeldía de un corazón ingenuo. Quiero descubrir que no hay límites, que todo consiste en un hacer lo que me apetezca cuando me apetezca con quién me apetezca y en la postura que me apetezca. Quiero conocer el mapa de lo desconocido, el juego de miradas que te excita y el éxtasis de tus fantasías. Quiero ser dueña de tu apetito, alimentar tu lujuria con mis caprichos y mis desaires. Quiero discutir contigo en posición inversa, darte y recibir, terminar jugando al parchís sin quererlo. Quiero descubrir la llama del fuego encendido en cada rincón de tu cuerpo, oler la fiebre que empapa nuestros cuerpos y sentir que no tengo escapatoria. Quiero arrinconarte contra la pared y llevar mi imaginación al límite. Quiero que me susurres al oído, que gimas de pura necesidad, que tu lengua sea experta en la geografía de mi cuerpo y que nos perdamos juntos en el océano Pacífico. Quiero perder la noción del tiempo, que siempre sea a ratos y que a ratos sea por siempre. Quiero ver el placer tatuado en tu cara de manera tan precisa que podamos disfrutar al mismo tiempo. Quiero emborrachar cada poro de tu piel, llegar al coma etílico del placer. Quiero que sin hablar, sepas lo que quiero. Quiero devorar cada centímetro de tu ser, saciar mi sed con tu sed y jugar al juego prohibido de las manos cintura abajo. Quiero perderme en tu cuerpo, sin temor y sin reservas. Quiero recorrer tu boca, a ciegas, sintiendo el anhelo de tus labios por los míos. Quiero usarte como más me convenga, jadearte, gemirte, agarrarte, besarte. Quiero desgarrarte el alma con unas manos como garras.


Quiero bailar contigo sobre una cama.

miércoles, 20 de abril de 2011

They.

Están aquí, conmigo. Son ellos. Mis dos mejores amigos.
Ella es perfecta, sublime, una artista en potencia. Sonríe y el mundo se para sólo para verla a ella. Hace que la vida sea un lugar en el que apetece quedarse, congelar ese momento en el que estás con ella y no dejar que se derrita nunca. Hace que los detalles de la existencia comiencen a cobrar importancia, que lo pequeño se haga grande y que lo enorme merme su tamaño. Consigue que tu día sea brillante, pone parte de su luz propia en mí y me transmite todo el positivismo que me falta. Transforma una lágrima en una risa contagiosa, una posible tormenta en un sol radiante y un dolor de cabeza en ganas de abrazarla. Es la mejor amiga del mundo.
Y luego está él. ÉL con mayúsculas. Me torno tan bipolar cuando estoy con él. Puedo sonreír y estar desgarrándome por dentro, pero puedo llorar y sentir que lo quiero a rabiar en ese momento. Es diferente, es divertido, es todo lo opuesto a mí y eso hace que me guste tanto. No sigue a nadie, es dueño de si mismo, de sus actos y de su vida. La corriente no le arrastra, es más... crea su propia corriente, y a mi me encanta seguirla. Porque adoro verle llegar con las uñas pintadas de negro, me encanta cuando sonríe pero cuando lo hace de verdad. Está guapísimo. Disfruto a su lado como una niña pequeña. No es un príncipe azul, ni hace falta. Me hace feliz y con eso me es suficiente.

Y con ellos mi tarde pasa rápida. Las horas corren y yo no le doy importancia, con ellos el tiempo pierde todo su sentido. Entre arroz, solomillo y patatas fritas. Entre coca-cola y té de limón. Entre risas, conversaciones, telenovelas, masajes a medio hacer, cosquillas en la espalda, películas que no se ven, intentos de encontrar el punto sexy, bailes insinuantes, el estudio de mis besos, la manera en que nos acoplamos, temas traumáticos.

Entre él y ella.

sábado, 16 de abril de 2011

Moment.

Ese momento en el que un no es un y un sí, se transforma en un rotundo no. El momento en el que decides hablarme y yo decido pasar de ti, hoy no tengo el día para bromas absurdas. Ese momento en el que mandaría el mundo al traste y rompería mi vida en miles de fotografías desenfocadas. El momento en el que me doy cuenta de que algo no encaja, no va bien, algo desequilibra el resto de la balanza. Ese momento en el que superpongo todas las sonrisas, doblo las lágrimas y hago la cama sobre los días tristes. Ese momento en que me paro a pensar si continuar con esto merece la pena, si esto merece la pena. El momento en que todas las decisiones retumban en mis oídos y los consejos de los demás se acumulan en mi armario. Ese momento en el que destrozaría a zarpazos mi debilidad y desmontaría mi fragilidad pieza a pieza. El momento en el que la sensibilidad gane a la racionalidad y amanezca un día en plena noche. Ese momento en el que las preguntas sin respuesta comiencen a amontonarse tras la puerta y un huracán se dedique a ordenarlas. El momento en el que ni la burla ni la sátira hacen mella en mí y cualquier comentario sibilino se derrite en las bocas de quiénes los lanzan como dardos a la diana de mi pecho. Ese momento en el que descubres que no sabes nada de absolutamente nadie, y que probablemente los demás sepan aún menos de ti. El momento en el que el vaso no está ni medio lleno, ni medio vacío; simplemente, no hay vaso. Ese momento en el que tus sueños, por fin se presentan como lo que son, meras fantasías. Imposibles, ficticias, ajenas a ti misma. El momento en el que descubres que tus sueños no son tuyos, son los sueños que los demás han querido poner en ti. Ese momento en que tú ya no eres tú, eres lo que la sociedad ha hecho de ti. Con sus prejuicios, sus cánones y sus estereotipos absurdos. Ese momento el que te descubres buscando la manera de huir de toda esta falsa amabilidad, de todo lo que no eres tú. Ese momento en el que ya no me importa lo más mínimo el mundo que me rodea.

Justo en ese momento, se encuentra mi vida.

jueves, 14 de abril de 2011

Just people.

Considera que evolucionamos. Nos creamos, nos destrozamos pero en esencia seguimos siendo los mismos. Descubrimos sensaciones, viajamos y eso aumenta nuestras posibilidades. Decidimos no querer, no sentir, no implicarnos para no sufrir. Conseguimos olvidar lo que recordamos y recordar lo que olvidamos, de manera contradictoria pero totalmente cierta. Construimos murallas para aislarnos e islas artificiales, formando nuestro propio mundo. Seleccionamos lo bueno y desechamos lo malo, sin saber que ambos son necesarios. Disfrazamos la tristeza tras sonrisas y escondemos las lágrimas en tarros de mermelada amarga. Lanzamos al mar botellas con mensajes que nadie leerá. Soñamos imposibles que son totalmente posibles pero que están fuera de nuestro alcance. Escuchamos los silencios y silenciamos los gritos sin sentido. Hacemos oídos sordos al mundo y transitamos como ciegos sin guía. Rompemos los esquemas e inventamos prejuicios absurdos para explicar las diferencias entre nosotros. Firmamos contratos afirmando que estamos de acuerdo, pero siempre pensamos diferente que los demás. Creemos ser los únicos que no lo tenemos claro, los únicos que tenemos miedo. Manejamos la certeza de que nuestros pensamientos son extraordinarios y no siguen los patrones del resto. Dibujamos un panorama desalentador para no hacernos ilusiones. Ponemos especial empeño en autodestruirnos, pensando que, tal vez así, consigamos hacernos más fuertes. Debilitamos nuestros puntos más frágiles sin dar importancia a las grietas que abran en nuestra alma. Nos dedicamos a querer a quién menos nos conviene, pero eso no se elige. Somos capaces de hacer magia. Besamos sin ningún tipo de pudor y decimos te quiero como el que dice hola. Somos unos hipócritas pues aquello de lo que renegamos es lo que termina guiando nuestros pasos. Esquivamos los problemas sin intentar solventarlos, simplemente los evitamos. Tiramos por el camino fácil, pero no es lo correcto. Lloramos para llamar la atención y requerimos del cariño que el mundo nos niega. Sentimos sin sentir realmente y miramos sin ver. Nos desorientamos con las luces de la ciudad y andamos tan perdidos que terminamos encontrándonos.


Al fin y al cabo, sólo somos personas.

viernes, 8 de abril de 2011

Run.

Camino por el parque.
Había mucha gente. Me agobiaba y me sentía fuera de lugar. Muy fuera de lugar. Todos hablaban con todos, y hoy yo no quiero hablar con nadie. Quiero observar el mundo desde fuera, abandonar mi cuerpo y ser etérea, poder flotar entre los comentarios sibilinos de algunos y las risas incontroladas de otros pocos. No dejar de escuchar música, sumirme en las notas musicales, que mis pies se muevan al compás. Quiero no obligarme a poner buena cara si no lo siento, y no decir hola para iniciar una conversación absurda e hipócrita.
Hoy quiero ser la única persona del mundo, y caminar sola por el parque. Sintiendo la melodía en todos los poros de mi piel y el verde que me rodea. Necesito verde, como dice él. Y es justo él, quién aparece tras de mí y me asusta sin proponérselo, se inmiscuye en mis pensamientos pero por ahora mis oídos son todos de Michel Bublé. Caminamos mucho y hablamos poco. No, hoy no quiero hablar. Quiero actuar. Y salgo corriendo. Necesito sentir mi pulso acelerado, mi respiración entrecortada, la elongación de mis piernas, la explosión de fuerza en mi interior. Necesito sudar, que mis poros lloren, eliminar toxinas para ver si así expulso todo lo extraño que llevo dentro. ¿Inseguridades? ¿Preocupaciones? ¿Incertidumbre? ¿Desmotivaciones? ¿Inexperiencia? ¿Miedo? ¿Miseria? ¿Autodestrucción? Todo lo extraño que llevo dentro y que no sé cómo explicar. Toda esa mezcla de sentimientos, hormonas y perfume de fresa. Cero de racionalidad, me he dado cuenta de que no sirve para absolutamente nada. Todo. Quiero expulsarlo todo y quedarme en blanco.
Sigo corriendo. Corro y mis piernas no me fallan. Mis piernas no, pero mi corazón sí. Quiero parar porque deseo que me alcance, que me abrace como sólo él sabe hacer, quiero tenerlo tan cerca de mí que sea capaz de notar su aliento contra mi boca, quiero que me toque, quiero sentir su corazón a cien por hora y el retumbar de sus latidos en mis oídos, quiero que entrelace sus dedos entre los míos y que se los llevo a su boca para besarlos, quiero que acaricie mi rostro de tal manera que después me bese. Quiero parar. Quiero parar y lo hago. Pero de forma que él piense que me ha ganado, que me he cansado, que puede conmigo en ese aspecto; aunque podría seguir corriendo durante 30 minutos más sin ningún tipo de problema.
Mientras paro, me agarra por la cintura y me coloca frente a él. Nos miramos, directamente a los ojos, escrutando nuestras almas y enviando un mensaje que solo nosotros sabemos interpretar. SOY FELIZ. Navegamos en medio del Pacífico y nunca un océano me pareció tan inmenso. Decido quedarme en él, en mi barco de vela, sin motor ni timonel, sin radar ni brújula, sin estrellas que me guíen o víveres que puedan alimentarme. Aprenderé todo lo que necesite saber y construiré mi vida en medio de el ignoto océano. Este es mi sitio; porque yo fui hecha para la mar, y no para tierra firme. Y te acercas más a mí, jadeas cansado por la carrera. Me besas. Me besas lento, con suavidad, con ternura. Me besas pausado, progresivamente, sin movimientos bruscos. Me besas con amor, con pasión escondida. Me besas con ganas de poder ofrecérmelo todo, aunque ambos sabemos que no es posible. Me besas y sigues jadeando en mi boca. Me besas y, es preferible, porque no sabría que decir. Sigues besándome. Nuestras respiraciones se acompasan, tu pulso cardíaco disminuye y mis ganas locas de gritar al mundo que corra van disminuyendo. Te tengo aquí, en mi boca, jugando a no encontrarnos. Y el beso termina, entre jadeos de mi boca y sonrisas de la tuya.
Nos quedamos mirándonos sin realmente vernos. Desde tan cerca es imposible, tu cara y la mía están en contacto. Veo el resplandor castaño de tus ojos y el brillo que destilan.
- Te quiero.
- Y yo.
Creo que corría para evitarlo todo,
pero no tengo nada que evitar.

sábado, 2 de abril de 2011

Mandarin.

Abandonamos las sábanas, nuestro tan acostumbrado refugio. Dejamos la cama deshecha, oliendo aún a nuestros juegos, a nuestras caricias, a mis labios sobre los tuyos, a los mordiscos y a nuestras lenguas. Abandonamos unas sábanas templadas, que antaño fueron ardientes, en las que cada esbozo de tu cuerpo quedará tatuado indeleble. Corro hacia el borde de nuestro paraíso tras un rastro de pasión y lujuria, e invento cualquier excusa para acercarme aún más a ti. Nos perdemos en continentes infinitos adonde nunca antes habíamos viajado. Dibujo sonrisas en tu piel y cultivo mandarinas en tu boca. Nos reinventamos continuamente y me devoras de las veinte mil formas que conoces. Mis poros gritan tu nombre, ansían tu cuerpo y luchan por tu alma. Mis dedos recorren tu pelo, se entrelazan en él y se funden en tus cabellos negros. Observo tus ojos marrones, más marrones de lo que yo pensaba en un principio, y me doy cuenta de que adoro   e s t o.

Te quiero.
No digas yo también.
Quiero decirlo sólo yo.

jueves, 31 de marzo de 2011

Train.

Nos miramos. La complicidad que compartimos se hace pausible y quién se cruce en nuestra conexión es testigo mudo de ello. Seguimos mirándonos y sonreímos. Su sonrisa es perfecta. Ilumina el mundo, hace que recuperes la esperanza y que todo sea perceptiblemente diferente. Hace sonreír, dibuja sueños imposibles y te transmite tanto que, a veces, abruma. Derrite los corazones más helados, eso fue lo que hizo con el mío.
Su sonrisa es perfecta y seguirá siendo perfecta por muchos años más. Pero es perfecta porque, a pesar de todo lo que ha sufrido y lo mucho que han intentado borrársela, ella sigue a h í. Es perfecta porque aparece en los momentos menos esperados. Imperturbable y decidida, luchando por no desaparecer en un mar de hipocresía disfrazada.
Sonríe, y me encanta que lo haga.


Pero, hazme un favor:
No la ocultes nunca.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Optimistic Day.

Hoy no es un día especialmente alentador, ni es de ese tipo de días en los que tienes dibujada en la cara la típica sonrisa tonta, ni tampoco es ese día en el que los colores del mundo son más brillantes que de costumbre.
Hoy no es un buen día. Es un día de esos en los que tienes sueño, es de ese tipo de días en los que tomas conciencia de que por mucho que luches tu nota en inglés no va a subir de un mísero seis, es de esos días en los que el mundo te desencanta y un pinchazo gobierna tu muslo derecho.
Pero, por otro lado completamente opuesto, sabes que esa sensación no es permanente, que la tensión no va a existir siempre y que los días tristes son parte de la felicidad. Sabes que todo es cuestión de rachas y épocas, que todo radica en mirar al futuro a los ojos y decirle No te tengo miedo. Puedes venir cuando quieras. Sabes que equivocarse y errar no van de la mano de connotaciones negativas, y que ambos son necesarios en la vida. Sabes que el destino sonríe a los que se atreven a sonreírle antes , y que todo eso de que está escrito en las estrellas, no son más que patrañas. Sabes que, aunque jamás podrás conocer el sabor de una nube o el olor de una estrella, la imaginación puede ir mucho más allá; y que un día, no muy lejano, verás todo con una claridad impoluta. Sabes que los sentimientos fueron creados para hacer feliz, pero también para ocasionar los mayores sufrimientos del mundo. Sabes que no todo siempre va como desearíamos, podríamos ser más altas, más delgadas o tener un tema de conversación apasionante; sin embargo, también sabes la suerte que has tenido de nacer donde lo has hecho.
Por ello, tienes que coger tu día poco alentador, tu día soñoliento y darle la vuelta. Forzar a que los colores brillen, las mariposas sonrían y los sentimientos, por esta vez, te hagan feliz. Tienes que conseguir un día optimista, en el que descubras la banda sonora de tu vida, tu propia melodía.
 
 
Mi melodía es
el silencio de tus palabras.

domingo, 27 de marzo de 2011

Brown eyes.

Me miras, intentando adivinar mis pensamientos. Intentas saber si te odio, si te quiero, si ahora mismo quisiera golpearte hasta hacerte sangrar, si te guardo algún rencor o si lo estoy pasando mal. Golpeas con tu mirada en mi cuerpo buscando un atisbo de fragilidad, sonríes tras el asomo de mi vena dramática e irrumpes con tu luz en la oscuridad en la que se ha tornado mi vida. Desafías con tu mirada a cada una de mis lágrimas, que ya han aprendido cuando deben dejarse ver y cuando no, que es la mayor parte del tiempo.
Me miras con esos ojos que, hasta hace dos semanas, me regalaban amor y que, hoy en día, sólo me transmiten pesar e incertidumbre. Me confunde tu risa, y me hace pensar que todo esto no te afecta en absoluto. que no es así, pero de todos modos, confunde. Tu inseguridad me vuelve insegura ante algo que ni yo misma comprendo, algo que por mucho que le de vueltas no logro entender.
Veo destellos marrones en cada rincón de mi memoria, y recuerdo lo feliz que me sentía al ver ese color brillar, lo mucho que me llenaba y la satisfacción ante algo tan absurdo como sacarte una sonrisa. La sensación de pertenecer, por fin, a un momento y lugar exactos era sobrecogedora y me hizo quererme un poco más cada día. Pero todo lo bueno sea acaba, o queda en parón durante un tiempo.
Aún hoy, sigo pensando en esos ojos marrones y en lo mucho que aprendí de ellos. Me hicieron fuerte y guerrera, me permitieron expresar todo lo que llevaba dentro, me concedieron el honor de descubrir que no todo era tan oscuro, dibujaron sonrisas en mi alma y escalofríos en mi piel, me hicieron ver que la soledad es mejor en compañía y que reír sin motivo es una buena forma de pasar el tiempo, me hicieron decidir en que consistiría mi futuro, obtuvieron en mí una persona que aprendió a amarles sin ningún tipo de prejuicio y tejieron una inmensa red de sentimientos que tuve la suerte de poder vivir. Fueron esos ojos marrones, a los que nunca vi llorar, los que me hicieron despertar de mi largo letargo. Fue por ellos, que abrí las alas y aprendí a volar.


No me arrepiento de haber querido al portador de esos ojos marrones,
 y no me arrepiento de seguir queriéndolo.

viernes, 25 de marzo de 2011

Thanks.

Siempre dije que no me afectaría, que cuando algo así me pasase sería capaz de sobreponerme a la situación. Siempre dije que era fuerte y que estas cosas a mi no me afectaban. Siempre dije que esto no iba conmigo y que enamorarse era de ingenuas, que el amor era un mito y que, en vano, la gente lo busca. Siempre dije que nunca querría a nadie de verdad. Siempre dije que no sufriría por amor, y que dejaría de magnificar los problemas. Siempre he dicho que terminaría sabiendo que hacer y hacia donde dirigirme. Siempre sabría que camino escoger, que salida o que callejón para acortar el trayecto, pues toda mi vida ha consistido en una continua huida de mis sentimientos. Si no siento, no me implico y si no me implico, nunca querré a nadie. Era una buena táctica.
Pero debo darte las gracias por alejarme de ella. Porque era una táctica, una muy buena táctica para evitar vivir. Porque huir de todo, no es la solución sino la fuente del problema. Porque el esquivar sistemáticamente el conflicto, no te hace más fuerte sino inmensamente más débil. Porque sonreír cuando la gente quiere que lo hagas, no es lo correcto.
Gracias porque me enseñaste que no debo amoldarme al mundo, debo hacer que él se amolde a mi. Gracias porque, por encima de todo, no tienes ni idea de todo lo que he aprendido de ti.
Gracias por hacerme ver lo equivocada que estaba con respecto a todo.

 
Aún así, sigue doliendo.

domingo, 20 de marzo de 2011

Coeur de pirate.

Tengo un corazón pirata, que ansía libertad. Correr cuando la gente piensa en caminar y reír en el momento menos indicado. Quiero navegar en un mar de sentimientos y probarlos todos: la ira, el desamparo, la melancolía, el desamor, la tristeza, la impotencia, la felicidad, la lujuria, la pasión, el cariño, la dicha, el escepticismo. Tengo un corazón pirata, que no entiende de cadenas, de lazos o de contratos, que no busca compromiso ni estabilidad. Tengo un corazón pirata que lo que quiere es libertad. Pilotaré un navío de anchas velas blancas que me llevará adonde yo decida. No usaré mapas, ni me guiaré por las estrellas. Decidiré mi camino a medida que lo recorra. Erraré por todos los mares y océanos, y mi espada se hundirá en el pecho de todo vil villano que a mi paso encuentre. Seré un corsario temido. Arrancaré corazones y me los comeré aliñados con tinta de calamar, dejaré un hombre en cada puerto prometiéndoles mi regreso pero nunca volveré a mirar atrás.
Tengo un corazón pirata, que ansía libertad.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Let's guess.

Supongamos que me da por quererte a ratos, por subir cuando la gente baje o por decir esternocleidomastoideo cada vez que vea un árbol. Supongamos que los coches circulan por las aceras y las personas caminan por la autopista, repostando en cada gasolinera las ganas de vivir. Supongamos que el alcohol no emborracha y quién anda ebrio es quién puede recorrer las líneas rectas que inventamos. Supongamos también que los perros maúllan, los gatos mugen y los pájaros rugen. Pero, ¿quiénes ladran? Los semáforos. Supongamos que el azúcar no engordase, que las gominolas fueran un postre homologado y que el chocolate no fuese tan adictivo. Supongamos que cuando haga frío sea verano y que el calor más agobiante se dé en invierno. Supongamos que los brownies sean salados y que equivocarse sea algo extraño. Supongamos también que la órbita terrestre es rectangular y que las víboras pueden ser mascotas estupendas. Supongamos que bailar sea sólo mover los pies y que cantar sea la forma bonita de expresar los sentimientos. Supongamos que podamos ser alérgicos a la tristeza, al desamor o a las desgracias pero también a la felicidad, a la hiperactividad o al optimismo. Supongamos que el camino no esté escrito y que deban ser nuestras huellas las que lo construyan. Supongamos que las estaciones cambien su rumbo normal y comiencen a correr a la inversa, primero primavera y luego otoño. Supongamos que la luna salga a las siete de la mañana, y sea el Sol quien lo haga por la noche. Supongamos que existe una balanza de las cosas buenas y malas, y que nosotros pasemos de ello y la usemos como columpio. Supongamos que las estrellas dejen de titilar allá en el cielo y que los horóscopos desaparezcan. Supongamos que el helado no se derritiese nunca y que, por fin, las guindas sepan bien. Supongamos que caminamos por el techo y que la ducha se use para dormir. Supongamos que saltamos al vacío, y debajo nos espera una colchoneta gigante. Supongamos que el Sol gira alrededor de la Tierra y que seamos el principio y final de lo conocido. Supongamos también que existe vida alienígena y que ellos se quejan de lo extraños que somos. Supongamos que el abecedario no termine en la Z. Supongamos que no te quiero y que, después de todo, seamos personas.


Supongamos que los Sugus no sean cuadrados.

viernes, 11 de marzo de 2011

Muffin

-Esto nunca va a ser eterno. Y eso es bueno, porque si fuese eterno no lo disfrutaríamos. Pero no me malinterpretes, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Y me besa, primero lento y dulcemente. Luego el carácter sexual del beso aumenta hasta topes desorbitados, y sólo nos controlamos porque estamos en un parque. Y mientras me besa con esos labios que ya puedo recorrer en la más absoluta oscuridad, susurra palabras. Palabras prohibidas que me estremecen, que me hacen imaginar todo lo que describen, que me incitan a no querer parar nunca, que me dibujan un mundo nuevo de prometedores horizontes. Palabras que recorren mi cuerpo como dulces caricias, que bailan entre los poros de mi piel. Palabras que nos envuelven y crean una coraza donde sólo estamos él y yo.

El resto del mundo es insignificante.